miércoles, 18 de octubre de 2017

Vértigo en Claveles

Sábado 14 de octubre


No está el ser humano hecho para las alturas. La naturaleza de nuestro cerebro intenta siempre ponernos a resguardo, permitiendo que nuestro apolíneo cuerpo, en algunos casos, mantenga su tan querida integridad. ¿Por qué si no íbamos a tener miedo a caminar por un pasillo de rocas que en el peor se los casos podían apenas tener medio metro de ancho? Si caminar en el pasillo de casa por una baldosa está chupado. Lo hacemos cien veces al día y no pasa nada. Intentemos trasladar esto a la cresta más alta del macizo de Peñalara, la cresta de Los Claveles, a más de 2300 m de altitud. Puede suponer toda una odisea o un disfrute sin igual, según las ganas que tenga cada uno de andar a la gresca con su cabeza.

En esto se convirtió el palilleo del pasado sábado. Experiencias de todo tipo que no dejaron indiferente a nadie.

Seguimos con el verano de seis meses. Este año, a cualquier miembro de la familia Stark no le llegaría la camisa al cuello viendo que el invierno no se acerca. Ni tan siquiera se le espera.

Sin embargo, al grupo entra un soplo de aire fresco. Hacía tiempo ya. Dos nuevos miembros. Darby, conocido ya por varios componentes del grupo y gran montañero, al que se le une Macksa. Una superwoman de la Costa Marrón a la que le da igual lo que le echen. Lo mismo se mete 80 km con la bici, que palillea a lo bestia o que baila un chotis en la punta de la torre Eiffel.

La ruta no es muy larga. Apenas tiene 12 km, pero en sus primeros 5 km se ascienden 700 m. Algo nada desdeñable. He de decir que esta ruta es un pequeño aperitivo de lo que inicialmente iba a ser, pero Kibuko y sus compromisos hicieron que tuviéramos que coger las tijeras y empezar a recortar de aquí y de allí. Como no hay mal que por bien no venga, esto permitió reunir una tropa considerable: Whiteman, 2MI, Javich_GP, Gaia, Belice, Mottoretta y Milhouse, además de los anteriormente mencionados.



 

En algunos tramos, la ruta iba a ser una auténtica romería. Ni el puente del Pilar nos libró de gente. El primer objetivo de la jornada era alcanzar la cumbre del pico de Peñalara, la cima más alta de Madrid con sus 2428 m. La verdad es que me hacía especial ilusión ya que era mi bautizo en esta montaña.

La subida es facilona y permite ver tanto cuerda larga como los siete picos y la mujer muerta. Todos territorios ya conquistados. Por momentos el terreno se pone cada vez más empinado. Javich_GP sube con las manos en los bolsillos como si nada. Macksa parece que va cuesta abajo y Darby bien podía ir silbando. ¡Qué fieras! He de hacer un inciso en este punto. No vendría mal violver a repasar los vídeos de Barrio Sésamo para ver cómo se abre una puerta. Sé que es más divertido trastear y quitarle el muelle que hace de bisagra, pero a veces es más sencillo limitarse a darle un suave empujón para que se abra. Ejem... Recordatorio para Macksa y un servidor.









Desde lo alto, la Laguna Grande de Peñalara, parece de todo menos grande. El resto de lagunas han dejado de existir o poco les falta. ¡¡Que llueva yaaa!! ¡¡Que cante alguien!! 





Después de un breve aperitivo, nos agarramos los machos que vienen curvas. Comenzamos a cruzar la cresta de Los Claveles. La caída es peliaguda. Más de 300 m a cada lado. Algunos pasan sin dificultad, como levitando. A otros les tiemblan hasta las más recónditas partes de su cuerpo. Es ponerse de pie y se mueve todo. Mejor agacharse e ir pasando a cuatro patas. Sudores, tensión, culo a rastras por las piedras. Una breve mirada de reojo al frente, hace que todo se vuelva a poner en movimiento. Qué mareo. Más sudores. 



 




 

 



Aprieta el calor. Tragas saliva e intentas convencerte de que sigues en el pasillo de casa, pero la cresta es estrecha. Muy estrecha en algunos puntos, y muy vertical. La gente que va por detrás se apelotona a tu espalda. No meten prisa, todo lo contrario, pero sientes la presión. Tienes que ir más rápido, pero vas completamente bloqueado. Te paras un momento a coger aire. Cuidado, una de las piedras se mueve. ¡¡Lo que faltaba!! Comienza a aparecer gente de frente. ¿Pero por donde demonios van a pasar? Te intentas hacer a un lado, bien agarrado a la roca para dejarles sitio. Miras a ver cuánto queda. Todo se vuelve a mover. Mejor ir agachado y seguir a rastras. ¡Por fin acaba el suplicio! Se oyen resoplidos de alivio.






Alcanzamos la laguna de Los Pájaros, desde donde podemos ver toda la cresta en su plenitud. Disfrutamos del momento hambriento mientras un Pavarotti local nos ameniza el bocado, creyendo que se encuentra en la escala de Milán. ¡Qué cosas más raras hace la gente!











La bajada hacia Cotos se hace un tanto pestosa. Se unen la cantidad de gente que también baja, con el ansia de botellines de algunos del grupo. Era otra de las cosas buenas de acortar la ruta. Algunos veneran a Kibuko.






El calor aprieta y los botellines parece que tienen el culo roto. Uno tras otro van cayendo sin contemplaciones.







Gran y singular ruta que disfrutamos y temimos a partes iguales, sin embargo un nuevo terreno conquistado. Hay que buscar una cresta más alta y estrecha.

MAVERICK